domingo, 17 de mayo de 2015

La reforma política de la Ciudad de México

La Madeja del Gato (constitucionalista y capitalina)
Madeja #301
Por Christopher Vergara

El Senado de la República dio al final de su último periodo de sesiones, el primer paso dentro de una histórica reforma constitucional que tras más de noventa años de maltrato y desdén restituye al Distrito Federal, a la Ciudad de México y a quienes somos sus habitantes una serie de derechos otrora negados que dotan de autonomía a lo que en tiempos más aciagos se volvió una mera sucursal membretada del Presidente de la República o una entidad maltratada y sometida al contentillo del poder federal desde su creación en 1824 y aún después de la histórica reforma de 1996 que regresó algunos derechos a sus habitantes.

La reforma constitucional que aprobó el Senado (y que deberán validar en principio la Cámara de Diputados y posteriormente las Legislaturas locales) modifica más de cincuenta artículos pero son principalmente dos artículos los que sufren cambios de gran trascendencia. El artículo 44 y el artículo 122. Los demás en general son referencias a el Distrito Federal y los Estados que se modifican por un genérico 'las entidades federativas'.

El artículo 44 que  anteriormente definía a la Ciudad de México como el Distrito Federal, establece en su nueva redacción que la Ciudad es la entidad federativa que es sede de los poderes de la Unión. El simple cambio en esta redacción es una transformación total en el concepto por el cual se tiene a la Ciudad. No desaparece únicamente la denominación de Distrito Federal, desaparece como tal el concepto de que existe un distrito federal con toda la carga conceptual y hasta ideológica que el constitucionalismo le ha dotado a ese termino. Más aún, pone en situación de igualdad a la Ciudad de México respecto de otras entidades federativas, siendo para efectos prácticos (la distinción técnica es mínima) los mismos. En pocas palabras, a los ojos de la Constitución (y por tanto de la ley), la Ciudad de México es igual a cualquier otro estado de la República.

El artículo 122 que anteriormente establecía las facultades de los poderes federales respecto de la vida política del Distrito Federal así como enumeraba las facultades de los órganos de gobierno locales es la que presenta los cambios torales de mayor relevancia. }

En principio el nuevo texto elimina la distinción entre poderes federales y órganos de gobierno sujetos a los primeros, pues señala con toda claridad que la Ciudad de México contará con autonomía constitucional en todo lo concerniente a su régimen interior y organización política y administrativa, terminando con más de 90 años donde el Congreso y en especial el Presidente tenían grandes cotos de poder (en ocasiones quizá no ejercidos) sobre el gobierno de la Ciudad y en consecuencia sus habitantes.

Posteriormente la nueva redacción rompe con otro paradigma de la teoría constitucional clásica al establecer la existencia de poderes públicos locales. Uno de los viejos argumentos para justificar que no existieran poderes locales propios de la Ciudad es que al ser la Ciudad de México la sede de los poderes federales (y por tanto donde se asentaban estos), no podían convivir en el mismo espacio físico otros poderes públicos., pues sería una duplicidad de poderes. De ahí que el actual Jefe de Gobierno, Asamblea Legislativa y Tribunal Superior de Justicia no sean poderes, sino órganos de gobierno.

El argumento es básicamente un total disparate, pues partiendo del supuesto de que los poderes públicos tienen diferentes ámbitos de competencia y diferentes catálogos de facultades, decir que existiría un choque o duplicidad de poderes es poco afortunado y realista. Los poderes no chocan, sino que tienen distintos ámbitos de acción, por eso no es contradictorio que en un mismo terreno se asienten dos distintos grupos de poderes públicos, pues tienen ámbitos de actuación radicalmente distintos pero genuinamente complementarios.

Es así que se establece la existencia de un Poder Ejecutivo, Legislativo y Judicial de la Ciudad de México que recaerá en un Jefe de Gobierno, una Legislatura y un Tribunal Superior de Justicia. A diferencia de la anterior redacción, aquí no se señalan sus facultades, sino que se establece que tendrán las facultades que al efecto señale la Constitución Política de la Ciudad de México.

Esa es la otra relevante aportación de esta reforma, la sustitución del actual Estatuto de Gobierno por una Constitución Política local la cual será redactada por un Congreso Constituyente que será electo en junio de 2016 y que como toda buena Constitución estructurará al poder público local y establecerá los principales derechos humanos de los habitantes de la Ciudad (al efecto será interesante ver si el Constituyente únicamente decide repetir los derechos humanos que consagra la Constitución federal o si ensancha el catalogo de los mismos con otros derechos).

Se podrá argumentar que el establecimiento de una Constitución es un cambio cosmético pues el Estatuto de Gobierno cumple con esa función. Habrá incluso quienes digan que es un cambio meramente simulatorio pues las mismas Constitución políticas de los Estados son meros Estatutos de Gobierno al estar sometidos al control de constitucionalidad federal (lo cual de hecho es cierto).

Sin embargo, no debe ignorarse la relevancia simbólica que tendrá la creación de una Constitución que pondrá en igualdad de circunstancias el marco jurídico de la Ciudad respecto a otras entidades. Más aún, esta Constitución será el primer texto constitucional creado en más de cuarenta años (los anteriores Congresos Constituyentes realizados para Baja California Sur y Quintana Roo se realizaron hace más de cuarenta años cuando pasaron de ser territorios federales a estados libres y soberanos) por lo que podrá ser punta de lanza para el constitucionalismo local, una rama habitualmente ignorada o disminuida en especial en sistemas de tinte centralista marcado como el mexicano.

Obviamente será deber del Jefe de Gobierno (quien redactará el proyecto de Constitución) y del Congreso Constituyente que lo debatirá y aprobará, el lograr que la Constitución Política de la Ciudad no sea un mero remake del Estatuto de Gobierno. Estaremos ante una oportunidad histórica de transformar el marco jurídico de la Ciudad mediante el establecimiento no sólo de nuevas formas de organización y trabajo del poder público de la Ciudad sino incluso del establecimiento de formas de participación y convivencia social que no existen en otras partes del país.

Para ello se necesitará que el proyecto cuente con la opinión y participación no solamente de la clase política, sino de todos los actores sociales, económicos, académicos y mediáticos relevantes. La Constitución Política de la Ciudad de México deberá reflejar las decisiones políticas y sociales relevantes de todos sus ciudadanos. Por eso será deber del Jefe de Gobierno y del Congreso Constituyente escuchar y enriquecer los trabajos con aquellos que sean ajenos al mismo.

Uno de los temas donde se presentarán mayores cambios es el relativo a las demarcaciones territoriales de la Ciudad, es decir las delegaciones. Una de las mayores deficiencias del diseño constitucional actual son las delegaciones las cuales pese a que cuentan con un titular elegido mediante el voto popular, carecen de muchas facultades con que cuentan los municipios, lo cual fomenta que por un lado su ámbito de acción sea limitado y por otro se conviertan en nidos de corrupción, holgazanería y patanería burocrática.

La nueva redacción transforma a las delegaciones políticas en Alcaldías, que serán una suerte de municipios con la salvedad de que la hacienda pública seguirá siendo centralizada (es decir, el gobierno de la Ciudad continuará recaudando y entregando los recursos a las Alcaldías). Estos órganos se integrarán por un Alcalde y concejales, los cuales serán el equivalente de los cabildos y serán electos tanto bajo los principios de mayoría relativa como representación proporcional.

La instauración de esta figura sin duda será benéfica para la administración de las demarcaciones territoriales, pues así existirá deliberación en la toma de decisiones y la oposición tendrá canales de participación y conocimiento de la actividad interna de las demarcaciones lo cual dará luz a uno de los puntos de mayor oscuridad (y por tanto corrupción) de la administración pública local. Obviamente serán cotos de poder que perderán los caciques locales que manejan las delegaciones pero sin duda será benéfico para los ciudadanos.

Además de ello se crearán nuevas demarcaciones territoriales, es decir se hará realidad uno de los deseos más añejos de la oposición y quizá de algunos sectores en el gobierno, pero ello responde a un fin práctico que permitir una mejor administración de los recursos y los territorios. Al menos zonas de alta concentración poblacional como Iztapalapa y Gustavo A. Madero podrían dividirse y reconstituir su territorio para una mejor administración, mejor concentrada en los problemas. Una vez más, aún a disgusto de los caciques locales. 

Finalmente, el posible nuevo texto constitucional elimina gran cantidad de las facultades de los poderes federales sobre los poderes locales, que es otra de las grandes deudas que se tenían a la Ciudad de México y su gobierno. En cuestiones como deuda pública, nombramiento del Secretario de Seguridad Pública y Procurador General de Justicia entre otras se termina el tutelaje de la federación al gobierno local. Además se eleva a la Constitución la existencia del fondo de capitalidad que resarza al gobierno local el costo que tiene para la Ciudad ser sede de los poderes y recibir diferentes demandas y presiones foráneas. 

El punto más álgido y que empantanó el debate  fue relativo a la integración del Congreso constituyente que habrá de redactar y aprobar la nueva Constitución pues el proyecto original contemplaba que la VII Legislatura de la Asamblea Legislativa, a elegirse este próximo 7 de junio, fuera la encargada de redactarla, al dotársele de esa facultad. Posibilidad que fue desechada ante la incertidumbre en las próximas elecciones. 

De ahí que se ideara un método mixto con 60 escaños a elegirse en una elección extraordinaria a realizarse en la Ciudad el próximo año y los cuarenta restantes siendo designados de forma directa con 14 diputados federales, 14 senadores, 6 personalidades designadas por el Presidente y designadas por el Jefe de Gobierno. 

El grito fácil (en especial de Morena y de Acción Nacional cuyo radicalismo los ha llevado a situarse en la misma franja del espectro político) es 'el PRI y el PRD se quieren apoderar del Congreso', lo cual posiblemente sea cierto pero básicamente depende de la poca o mucha fuerza que puedan tener ambas fuerzas políticas en las próximas elecciones. Si ambos partidos tienen buenos resultados en las elecciones extraordinarias así como en las federales próximas no deben tener miedo por los 12 miembros que pueda designar el Presidente y el Jefe de Gobierno. 

Por otra parte, un Congreso constituyente es un Congreso excesivamente especial que requiere de personas pensantes y con conocimiento técnico-jurídico de alto calibre que permitan la mejor redacción posible de la Constitución, por ello es entendible y encomiable que se reserve una porción de escaños a personalidades y legisladores que cuenten con experiencia y conocimiento que quizá no posean los electos popularmente (que por otro lado responden al concepto de que todos los sectores sean escuchados y tengan participación). 

Por ello una conformación mixta es entendible y aceptable. Aunque no sea el comentario más taquillero o políticamente correcto, la redacción de una Constitución no es la emisión de una legislación ordinaria, sino requiere de un alto compromiso y conocimiento de quienes la redactan (de ahí que sea también muy relevante quienes designe el Jefe de Gobierno para que la redacten en borrador) y por ello, si bien se debe atender el principio popular, es factible mantener un porcentaje reservado a los poderes federales y quienes ellos consideren apropiados. Al final, será un trabajo donde todos deben tener participación. 

La reforma enfrenta aún un camino tortuoso, pues la oposición en la Cámara de Diputados (donde el debate inteligente es menor y el ruido es mayor) buscará descarrilarla una vez más, en especial por aquellos que buscan reventar el gobierno de Miguel Ángel Mancera. De ahí deberá ir a las Legislaturas Locales para que pueda ser promulgada. El camino sin duda será largo pero vaya que lo merecemos, la Ciudad de México necesita seguir avanzando y creciendo para seguir a la vanguardia legislativa como lo ha hecho en incontables ocasiones. Sus ciudadanos merecemos tener los mismos derechos (ya que las responsabilidades las tenemos) que otros ciudadanos de la República. 

La Ciudad de México y sus habitantes merecemos más y mejores derechos. La Constitución Política de la Ciudad de México será ese primer paso. 

Y en la próxima madeja: Prospectivas electorales 2015.

domingo, 3 de mayo de 2015

Avengers: Era de Ultrón

La Madeja del Gato (vengadores unidos)
Madeja #300
Por Christopher Vergara

Uno de los valores esenciales en cualquier superhéroe es la confianza. Entendida como la seguridad y autoestima en los potenciales y caracteres de uno mismo más que en la presunción vacía sobre nuestro ser. Un superhéroe necesita confianza para enfrentarse a los retos (villanos o problemas que se le presenten) pues es la forma más virtuosa de superar sus propias circunstancias y sobre pasar cualquier reto. 

Los superhéroes, son alegorías sobre la naturaleza humana en su forma ideal (probablemente sean ideales masculinos en su mayoría, pero ese es otro tema distinto). Son aspiraciones de la naturaleza humana a las que se les enfrenta con los mismos tipos de problemas, miedos y falta de confianza que sufren los humanos (por lo cual acusar a tontas y locas de genocidio cultural además de una reverenda estupidez está a tres frases de caer en gritos de dictadorzuelo sudamericano de quinta). Los superhéroes en su esencia más pura e ideal deben inspirar a cualquier persona a superar sus adversidades y vencer sus miedos y defectos. 

Un superhéroe no necesita unicamente tener confianza en si mismo. Eventualmente necesita tener confianza en los otros, en especial en aquellos con quienes hace equipo. Uno de los más grandes conflictos de la sociedad en todo momento es la falta de confianza tanto en si mismos como en los otros miembros, sean de su familia, de su comunidad y finalmente de su sociedad. Por ello es relevante que los superhéroes hablen sobre la confianza. 

Avengers: Era de Ultron reune a los héroes más poderosos de la tierra mientras continúan el desmantelamiento de HYDRA y buscan con desesperación el cetro de poder de Loki que contiene otra de las gemas infinitas. Esta busqueda los lleva con el Baron von Strucker (Thomas Kretschmann) quien además de poseer el cetro de Loki libera a dos gemelos 'milagrosos' Pietro y Wanda Maximoff (Aaron Taylor-Johnson y Elizabeth Olsen) quienes traen una cuenta pendiente con Tony Stark, quien de alguna forma provocó una tragedia familiar. 

El hallazgo del cetro permite que Tony Stark (Robert Downey Jr.) y Bruce Banner (Mark Ruffalo) den un nuevo impulso a su proyecto Ultron, una suerte de súper protector global que tendrá como tarea final mantener la paz en la Tierra y defenderla de cualquier amenaza. Un método preventivo que además hará innecesarios a los Vengadores. 

El problema es que como casi toda tecnología de aspiraciones tan megalomaníacas, el proyecto Ultron termina tomando conciencia propia (James Spader le brinda una magnífica y terrorífica voz), corta los hilos que lo limitan estilo Pinocho (con todo y canción de esa cinta animada) y decide que la mejor forma de mantener en paz a la Tierra es eliminando en principio a los Vengadores y posteriormente, de no cumplir sus retorcidas expectativas, eliminar a la humanidad. Los Vengadores deberán una vez más unirse contra un enemigo que ningún héroe por si solo podría vencer. 

Hablaba sobre la confianza, pues uno de los temas clásicos en los cómics es poner a prueba la confianza de los héroes tanto en mismos como en su equipo. Joss Whedon, escritor y director de la cinta toma esta ruta clásica y la incorpora como motivo principal de la cinta. Pone a los héroes a poner en duda su propia confianza pero también en qué tanto confían en su equipo. De la primera salen relativamente bien librados, de la segunda no tanto.

Uno de los poderes de Scarlet Witch (Wanda Maximoff) consiste, al menos en esta versión, en una suerte de proyección telepática de tus peores miedos o placeres no alcanzados, tu lado oscuro, pues. Así Tony Stark ve a sus amigos Vengadores muertos, Steve Rogers/Capitán América (Chris Evans) se ve liberado de responsabilidades y sin ninguna guerra que pelear. Thor (Chris Hemsworth) una celebración asgardiana épica mientras su reino se cae a pedazos mientras Black Widow /Natasha Romanoff (Scarlet Johansson) recuerda el tormento pasado que la convirtió en espia de la KGB. 

Tras este ataque, donde el único que sale bien librado es Hawkeye/Clint Barton (Jeremy Renner), los Avengers deciden exiliarse en la casa familiar de Clint (donde su familia vive aislada y lejos de cualquier peligro) y donde asimilan sus peores miedos y lados oscuros y retoman la confianza en si mismos, para enfrentar una vez más a Ultron. 

Como dije, aunque si bien resuelven sus conflictos internos, su confianza de grupo empieza a mostrar fracturas más preocupantes (que más adelante darán problemas). En ese sentido Age of Ultron es una película de dicotomías siendo la primera la que ocurre entre el Capitán América y Iron Man. 

Hay una idea que Jonathan Hickman ha usado recurrentemente en su run actual como escritor de los títulos de Avengers en Marvel respecto a Steve y Tony. Es algo así como 'Hubo una vez dos hombres, uno era vida, el otro era muerte'. Tony y Steve no tiene solo orígenes y situaciones radicalmente distintos, sino que su escala de valores lo es totalmente, no sólo porque Iron Man sea más pragmático y Steve más conservador, sino que sus ideologías puestas a prueba terminan por chocar de forma irremediable (aunque también se complementen y fortalezcan de forma muy útil y adecuada). 

La idea es puesta a prueba respecto a la creación de Ultrón. Como Steve le dice a Tony 'cada vez que alguien busca pelear una guerra que aún no ha iniciado, se pierden vidas inocentes'. Ahí esta el clavo. En su fin justifica los medios, a Tony no le importa sacrificar una serie de vidas con tal de un bien mayor, mientras que el Capitán quiere salvar todas las vidas que le sea posible, para el ninguna vida es un costo sacrificable. Es por eso que Steve, o el Capitán América es lo más cercano a todos los valores que encarnan el heroísmo humano (no es gratuito que Steve sea el único que logre mover aunque sea un poco a Mjolnir, es lo más cercano que un ser humano puede acercarse a ser digno para los estándares del martillo). 

Obviamente esta idea sera puesta en juego más adelante. Pero las cartas ya están puestas. En esta ocasión no chocaron por dos razones, tanto porque el villano era un mal que escapaba a cualquier matiz (Ultron quería exterminar a la raza humana y no hay realmente mucho que defender o ponderar ahí) y porque ambos debieron realizar concesiones (Tony al aceptar el error de no comunicarle a otros la creación de Ultron y renunciar a esos sueños, y Steve a aceptar, con el consejo de Thor, que Visión, la forma evolucionada de Jarvis era digna no sólo de existir, sino de ser un vengador). 

Ultron y Visión son la otra dicotomía. Ultron, como dijimos nace de una idea llevada a su máxima expresión que paradójicamente termina por traicionar la esencia de la misma (mantener la paz en nuestro tiempo y proteger a la humanidad), mientras que Visión nace con el objetivo de ser la encarnación perfecta para Ultron pero termina siendo tomada por Jarvis quien la vuelve un vengador más. 

Ultron es una simple maquina mientras que Visión es un sintetizoide (una mezcla más elaborado de humano y maquina) y por tanto es un ser más perfecto que podría tomar el camino de su padre (que no es más que la potencialización del de Tony, su abuelo) y eliminar a la raza humana. Pero debido a su mismo conocimiento de la raza humana y quizá debido a una menor ambición en su programación (Visión sólo tiene como objetivo ayudar a Tony, ergo ayudar a la humanidad, no mantener la paz como Ultron) es que Visión decide que a el le gusta la vida, decide protegerla y por tanto combatir a Ultron. 

Ultron y Visión son la manifestación de como las ideas por si mismas no son peligrosas, pero su ejecución es la que las lleva a serlas. Ambos tienen el mismo objetivo, pero mientras que Visión no pierde la brújula moral de cual debe ser su principal motivo de ser (el bienestar de la vida), Ultron desprovisto de cualquier moral y quizá ahogado en soberbia decide aniquilar de raíz lo que el considera el problema (lo cual realmente no es una solución, sino una simple aniquilación que demuestra incapacidad para resolver). 

Ultron es la muestra de que las ideas de Tony por si solas, posiblemente no tengan buen final. Que grandemente necesita a sus amigos y compañeros de equipo para que enriquezcan sus pensamientos y les den mejor puerto. Al final del día, los Vengadores toman nota de que además de tener confianza en si mismos, necesitan depositar confianza (entendida más en como un bono de esperanza) en sus amigos, aun cuando quizá no tengan motivos para confiar, pues sólo así, lograrán que los problemas no los devoren. 

Más allá de todas estas reflexiones, Avengers: Era de Ultron repite como una fantástica cinta de acción y entretenimiento puro, donde quizá haya menos humor del esperado (aunque los gags de Ultron son de lo mejor, con todo y su boca de Rana René) pero la acción está siempre presente y las interacciones entre los personajes resultan genuinamente encantadoras (además de todo lo narrado arriba, el romance muy probablemente destinado al fracaso entre Natasha y Bruce es realmente encantador y saber que Clint tiene algo cercano a una vida normal vuelve muy humano al personaje). 

Aun no puedo dilucidar si es superior o no a su antecesora (Ultron y Loki como villanos son igualmente niños berrinchudos pero el primero es mil veces más perverso y diabólico),  Scarlet Witch y Quicksilver me quedaron a deber algo (aunque sigo pensando que es cuestión del casting, o de mi visión del personaje, ambas cuestiones pueden mejorar, Wanda obviamente ganará más confianza y Pietro pues igual no fue tan insoportable). Obviamente Visión es una gran adición (su aparición así como Ultron con todo y capucha roja son una reverencia inolvidable a Roy Thomas y John Buscema, míticos creadores de ambos personajes). 

Otro elemento muy rescatable es que la cinta nunca olvida su labor principal como héroes: proteger a la gente. A través de las múltiples secuencias, tanto en lugares reales como inventados, los personajes remarcan mucho la necesidad de mantener a la gente a salvo y ocasionar los menores daños posibles. La secuela final donde el resultado final puede ser matar mucha gente o matar muchísima gente demuestra que su trabajo en equipo logra salvar todas las vidas. Pensando un poco más se hallan otros caminos. 

Realmente no hay muchos comentarios en la dirección o guión (aunque comparto algunas críticas que señalan que Whedon se siente cansado, yo creo que en el guión, no en la dirección, por lo que será fresco ver a los hermanos Russo dirigir Infinity War). Tampoco respecto al elenco (Evans, Downey Jr., Hemsworth, Johansson, Ruffalo, y Renner dominan su papel a la perfección, el cameo de Stan Lee es fantástico y alucinante como siempre) aunque personalmente yo hubiera querido un poco más de Nick Fury (Samuel L. Jackson) aunque también entiendo que tantos personajes y tramas pueden generar conflictos para el guión. 

Tendré que darle más vistas para decir si Age of Ultron supera su antecesora pero cuando menos diré que es igualmente divertida y emocionante. Una fina adición más al Universo Cinemático Marvel. Con un villano realmente delicioso y absolutamente malévolo y unos héroes dudando en si mismos y en sus compañeros y finalmente lanzándose a derrotar a una inteligencia artificial que los consideraba la peor amenaza para el planeta. Es pues, una gran cinta.

Vengadores Unidos. 

Los Últimos Hilos: Si, la secuencia post-créditos es alucinante. Lo que viene será cosmicamente épico. Igual no se avanzó tanto en la trama, más la conciencia de que ya llevamos cuatro gemas del infinito tranquilamente y sin notarlo. 

300 Madejas. Gracias siempre por la lectura. Que sean muchas más. 

Y en la próxima madeja: La reforma política del DF.

lunes, 20 de abril de 2015

La candidatura de Xochitl Gálvez

La Madeja del Gato (electoral)
Madeja #299
Por Christopher Vergara
En estos días la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (a petición del Partido Verde que solicitó que atrajera el asunto por su relevancia en lugar de que conociera la Sala Regional como correspondía) deberá resolver la impugnación a la resolución del Instituto Electoral del Distrito Federal que negó el registro a Xóchitl Gálvez como candidata a jefe delegacional en Miguel Hidalgo por parte del Partido Acción Nacional.
El nudo central del asunto dilucida sobre la aplicación (y en consecuencia validez) de la fracción I del artículo 294 del Código de Instituciones y Procedimientos Electorales del Distrito Federal que establece, adicionalmente a los requisitos señalados en la Constitución y el Estatuto de Gobierno del Distrito Federal el de estar inscrito en el Registro Federal de Electores y contar con Credencial para Votar con domicilio en el Distrito Federal.
El problema surge cuando Xóchitl Gálvez (quien argumenta vivir en la ciudad desde hace más de quince años) apenas en febrero pasado obtuvo una nueva credencial para votar con domicilio en Pachuca, en razón de que buscó de forma infructuosa una candidatura, fuera a diputación plurinominal o uninominal en su natal Hidalgo.
Acción Nacional estuvo consciente de la falta de este requisito legal (una jugarreta lamentable para quienes gustan de ostentarse como los paladines del Estado de Derecho) y dentro de la misma solicitud de registro pedía la dispensa en el cumplimiento de este requisito argumentando que el derecho de ser votado (el derecho al voto pasivo) es un derecho humano consagrado en la Constitución y que por tanto haciendo una interpretación pro homine (pro persona, de hecho), debería ser inaplicado el citado precepto del Código al tratarse de requisitos adicionales y no previstos en la Constitución y el Estatuto de Gobierno que además impiden el ejercicio de este derecho humano.
Los argumentos de Acción Nacional pueden tener relativa validez aunque son insuficientes para invalidar la disposición del Código en sentido de que parten de dos falsos supuestos: que los Derechos Humanos son ilimitados y que las normas inferiores no pueden detallar (y en cierta forma expandir) lo establecido en las superiores.
Dentro de los Derechos Humanos, entendidos como estos atributos que se reconocen a una persona por su simple calidad de persona se encuentran los derechos civiles y políticos, entre los cuales hallamos el derecho al voto en su vertiente tanto pasiva (ser votado) como activa (votar). Sin embargo este grupo de derechos a diferencia de otros derechos humanos están limitados desde su misma conceptualización (lo cual de inmediato demuestra que pueden tener límites).
En la mayoría de las sociedades, tanto modernas como antiguas, el ejercicio de los derechos políticos está restringido a la obtención de la ciudadanía que casi siempre se halla ligada cuando menos a requisitos de edad, en el entendido que dada su especial naturaleza (la participación en la toma de las decisiones públicas que conciernen a todos) requieren de mayor madurez mental que la que en general poseen las personas menores a determinada edad.
Establecido que los derechos políticos son sujetos a limitaciones conviene señalar que es deber de la normatividad secundaria establecer los distintos requisitos que se requieren para poder postularse a un cargo público. Obviamente el establecimiento de estos requisitos, en especial los de corte espacial, es decir referidos a la relación entre quien pretende ser candidato y el lugar donde pretende serlo, comprende limitaciones al derecho a ser votado pero estas limitaciones tienen su razón de ser en que buscan que la persona que se postule para un cargo (en especial uno de índole ejecutivo donde existe toma de decisiones unipersonales) tenga suficientes ligas o raíces con dicho lugar. En palabras llanas, se busca evitar que una persona sin conocimiento del lugar intente gobernar el mismo.
Que tan valida o funcional sea esta presunción del legislador es un tema abierto a debate (pues incluso genera fenómenos negativos como podría ser el apropiamiento político de un territorio, en una suerte de virreyización de los espacios) más sin embargo es una decisión que se manera recurrente se ha establecido en la Legislación de todos los niveles, desde el órgano revisor de la Constitución hasta los órganos legislativos locales. Es decir, ha sido una decisión que los representantes populares han convalidado en reiteradas ocasiones y hasta en tanto eso no sea modificado son normas validas que las autoridades electorales y jurisdiccionales deben cumplir y aplicar al ser su obligación (motivo por el cual el IEDF no podía realizar interpretaciones torcidas de una norma ridículamente clara).
Por otra parte es absurdo pretender que solo la Constitución y el Estatuto de Gobierno (la suerte de Constitución local de poca monta con que cuenta el Distrito Federal) sean las únicas normas que puedan establecer requisitos de índole electoral cuando su función no es normar esos aspectos. La función primordial de la Constitución es establecer los Derechos Humanos en su aspecto más universal y general así como organizar al Estado, mientas que la función del Estatuto de Gobierno es la organización de los poderes públicos federales respecto al Distrito Federal así como de los órganos de gobierno locales (y si, técnicamente establecer los derechos humanos de que deberían gozar los habitantes del Distrito Federal).
Aunque a través de los años hayamos tornado a la Constitución y en menor grado al Estatuto en sendos manuales de normas electorales, lo cual es un tremendo error de técnica legislativa (que también tiene su razón de ser), eso no significa que sean las responsables de contener todas las normas electorales, en todos sus supuestos. Esa es función (y total responsabilidad) del Código de Instituciones y Procedimientos Electorales del Distrito Federal.
Uno de los principios básicos del Derecho se refiere a la jerarquía de normas la cual permite establecer que las normas tienen un orden jurídico descendente donde una norma da fuente a otra, esta es a la vez fuente de otra y así sucesivamente. Para el caso en particular, la Constitución es fuente y da origen al Estatuto de Gobierno, este da origen al Código de Instituciones y Procedimientos y así sucesivamente (los Reglamentos que emite el IEDF serían los ordenamientos a que el Código da origen).
En principio la jerarquía normativa tiene un funcionamiento muy sencillo. La norma inferior (la que nace de una norma de mayor envergadura) debe tener concordancia lógica con la superior, su labor primordial es detallar lo que establece la norma superior. Por tanto no puede contradecirla o dificultar su aplicación. En este sentido Acción Nacional argumenta que al añadir el requisito de contar con Credencial para Votar esta añadiendo requisitos adicionales que impiden ejercer un derecho político.
El argumento sería cierto si el Código estableciera un requisito como presentar carta de buena conducta o fe de bautismo, pero ¿realmente requisitar que el probable candidato cuente con Credencial para Votar esta yendo más allá de la norma superior? No, el Código está detallando una situación relacionada con la residencia, que en el supuesto de contar con todos los requisitos en forma únicamente sería un requisito tan obvio y bobo como presentar las dos fotografías tamaño infantil que el formato solicita. Lo que el legislador solicita es un documento adicional que es consecuencia natural y lógica de contar con la residencia en determinado lugar.
Si ya contaste con la constancia de residencia que certifica que cumples con un determinado tiempo viviendo en la Delegación (en el caso en particular tres años), consecuencia natural (y tu obligación elemental como ciudadano) es contar con credencial para votar actualizada con el domicilio donde actualmente resides. Ni siquiera por fines políticos, sino por pura practicidad pues al ser el medio de identificación por excelencia te servirá para cualquier trámite. Más aún, el Código es benévolo, pues no exige que vivas dentro de la demarcación o distrito donde pretendes competir, únicamente solicita que sea dentro de dicha entidad federativa.
¿Son realmente estos requisitos una exigencia desorbitada como los tilda Acción Nacional? Los Derechos Humanos no son absolutos, se encuentran sujetos a limitaciones de todo tipo, fácticas, prácticas y como en este caso por armonía política para generar condiciones de competencia adecuadas y buscando rasgos de identidad social, que jamás resultan exageradas (como sería que sólo pudieran competir personas nacidas en el Distrito Federal).
El problema viene cuando de forma poco escrupulosa se pretende realizar carrera política en dos pistas, en caso de que una fallara, teniendo la otra como alternativa. Xóchitl Gálvez ha vivido muchos años en la Ciudad de México y sin embargo en 2010, 2011 y 2012 ha competido por cargos de elección popular en Hidalgo. Eso no es necesariamente malo, pero ¿tan difícil es cumplir los requisitos legales?, ¿para que sirve crear leyes si de buenas a primeras se busca incumplirlas cuando no favorecen a nuestros intereses?. Las leyes no deben ser realizadas y mucho menos aplicadas a contentillo de unos cuantos.
Si, es probable que el requisito de la credencial sea tan nimio que resulte innecesario. Pero es la ley. Conociendo al Tribunal Electoral lo más probable es que resuelvan con sentido político y le concedan la candidatura a Xóchitl Gálvez. Lo cual sería muy triste pues además de torcer la ley, generaría una percepción distorsionada sobre los derechos políticos, su alcance y sus limitaciones.
Al tiempo.

Y en la próxima madeja: Los retos de Hillary Clinton.

lunes, 13 de abril de 2015

Agent Carter

La Madeja del Gato (agente de S.H.I.E.L.D.)
Madeja #298
Por Christopher Vergara
 
Tras el relativo éxito de Agents of S.H.I.E.L.D. y antes de irse con Netflix a producirle cuatro series, Marvel Televisión y ABC Studios aprobaron otro proyecto, diseñado como serie puente o de mitad de temporada (es decir, que estrenaría entre la primera y la segunda mitad de la serie del agente Coulson) con temática similar pero basada en Peggy Carter, nuestra querida Agent Carter.

Si recuerdan Capitán América: El Primer Vengador, recordarán que Peggy Carter es la suerte de novia, después novia formal de Steve Rogers (nuestro querido Capitán América) que además es una de las más valientes, fuertes e inteligentes agentes de la S.S.R. (la división semilla que precedió a S.H.I.E.L.D.). Tras la buena aceptación del personaje, Marvel produjo un cortometraje que se lanzó como bonus dentro del BD de Iron Man 3, que tuvo tan buena respuesta del público que llevo a este piloto.

Es así como surge Agent Carter, una miniserie especial de ocho capítulos que narra las primeras aventuras vividas por Peggy Carter (la guapísima y siempre radiante Hayley Atwell), una vez que la II Guerra Mundial ha terminado, los hombres han regresado a Estados Unidos, han tomado sus viejos puestos y Peggy sufre el constante sexismo y misoginia de quienes la consideran más una secretaria que trae el café que una agente de inteligencia sofisticada y tácticas de combate envidiables.

Además de esta aparente desilusión con su vida, Peggy se halla en duelo ante la reciente perdida del Capitán América (que como recordaremos quedó congelado la friolera de sesenta años en el hielo). Todo da un giro cuando Howard Stark (el siempre bien apreciado Dominic Cooper) y su fiel asistente Edward Jarvis (James D'Arcy) se acercan a Peggy pidiéndole ayuda pues se está gestando un complot en contra de Stark donde lo buscan acusar de vender armas de gran calibre y alto poder a enemigos de los Estados Unidos, obviamente los rusos.

Es así que Marvel nos presenta una divertida y emocionante serie. Desarrollada y producida por Christopher Markus  y Stephen McFeely (guionistas de las tres Crónicas de Narnia así como las tres cintas del Capitán América, por lo cual eran la opción obvia), Agent Carter reintroduce y amplia el mito de uno de los personajes femeninos más reveladores del Marvel actual, a la vez que amplia las raíces del Universo Cinemático Marvel al viajar al pasado del mismo, donde conocemos los orígenes de S.H.I.E.L.D., una de las instituciones fundamentales del mismo.

A diferencias de Agents of S.H.I.E.L.D., que en su segunda temporada ha perdido la brújula de manera espantosa y se siente como un barco sin dirección (en serio, la segunda temporada ha sido bastante floja cuando menos), Agent Carter es una bocanada de aire fresco, por establecer una historia intrigante y emocionante, con unos personajes sumamente carismáticos y un setting de antaño de lo más delicioso.
 
El éxito de Peggy Carter se debe sin duda alguna a Hayley Atwell quien le dota al personaje del carisma, sencillez, inteligencia, belleza y fuerza que requiere. El éxito de un personaje como Peggy no se explica sin la brillante actuación de Atwell quien ha hecho el personaje suyo de tal manera que resulta irresistible e imposible de no sentir simpatía por el mismo.
 
Pero además Hayley se halla respaldada por un gran elenco, empezando por el hogareño y cálido Jarvis, a quien James D'Arcy interpreta con gran sobriedad que a la vez brinda algunos de los mejores momentos de comedia del show. Contrario a lo que podría pensarse, su rol no es nada parecido al de Paul Bettany quien interpreta al mayordomo virtual de Tony Stark, inspirado en el rol de este Jarvis.
 
Una agradable revelación es Chad Michael Murray con más de diez años de carrera pero reconocido principalmente por roles de galán adolescente y juvenil, Aquí interpreta al agente Jack Thomson, el típico macho que desprecia a Peggy por su género aunque eventualmente acepta sus talentos e inteligencia, cuando incluso le salva la vida. Por otra parte, resulta divertido el contrapunteo con Enver Gjokaj quien interpreta al agente Daniel Sousa, un agente discapacitado (tiene una pierna atrofiada por la guerra) y quien, quizá por su condición como persona con discapacidad resulta el único amigo de Peggy.
 
Los guiones de Agent Carter podrían prestarse a similuted con los de su serie hermana (conspiraciones por armas de gran poder en manos de enemigos desconocidos), sin embargo, donde su serie hermana falla con mayor regularidad en sostener una trama, Agent Carter logra conducir con fluidez y agilidad una interesante y divertida trama que retrata muy bien las preocupaciones de la época y que cumple de forma eficiente su función dentro del Universo Cinemático Marvel.
 
Finalmente, es muy apreciable y celebrable, el cada vez contar con más personajes femeninos fuertes e interesantes dentro de producción basadas o derivadas de un medio antaño tan masculino-céntrico como es el de los cómics. No sólo porque permitan atraer audiencias femeninas al mismo, sino porque hablamos de modelos de género sumamente positivos que permiten generar nociones positivas sobre la mujer en su audiencia, sea masculina o negativa. De alguna forma transformar los canones o paradigmas que se tienen sobre este tipo de personajes.
 
Peggy Carter es una mujer con la que toda niña, joven o mujer (me atrevería a decir que toda persona) se puede sentir identificada pues hablamos de una mujer fuerte, decidida, que no teme romper paradigmas en pos de lograr lo que considera correcto, atrevida y transgresora de aquellos moldes que se le quieren imponer. Cualquier persona debería aspirar a ser como ella. Y esa siempre debe ser la esencia principal de cualquier héroe, o superhéroe.
 
Vamos por la segunda temporada Peggy.

Y en la próxima madeja: ¿Cuáles son los retos de Hillary Clinton?

jueves, 26 de marzo de 2015

Glee, el adiós.

La Madeja del Gato (gleek por siempre)
Madeja #297
Por Christopher Vergara 

Aún recuerdo como si fuera ayer aquel lejano 13 de septiembre de 2009 cuando Fox (donde en aquel tiempo veía Lipstick Jungle) pre-estrenó Glee. La serie de inmediato me capturó, quien no se iba a sentir identificado con un montón de inadaptados sociales que no encuentran su lugar en la preparatoria, que anhelan y temen a la fama y el reconocimiento y que en la música encuentran su equilibrio, amistad y amor.

En aquel tiempo tenía apenas 18 años aunque realmente siempre he sido más inmaduro de lo que realmente es mi edad. Por eso, de entre todas las historias me hizo mucho sentido la de Kurt, aquel niñito gay, temeroso de mostrarse como es y amedrentado por quienes lo consideran diferente en sentido negativo. Ese momento final cuando cantan Don't Stop Believin' fue simplemente mágico.

El episodio piloto de Glee me dejó una sensación de alegría y de bienestar tan genial. Una suerte de reconciliación con aquellos momentos de tu pasado donde no fuiste lo suficientemente atrevido y valiente (además de una gran comedia y grandes canciones y divinos protagonistas) que sin dudarlo dije, le daré una oportunidad.

En noviembre de ese año la serie se estrenó de forma regular. y obviamente ahí estuve... Solamente me seguí enamorando (de forma inconsciente) más y más de esa bonita serie. En su momento la definí como High School Musical meets The Middle, porque era toda la onda optimista y musical de la película de Disney con toda la vibra cínica y ácida de la serie de Warner.

Y siguieron magníficos episodios que de alguna forma narraban el proceso de aceptación de la sexualidad (que quizá nunca tuve) con Kurt admitiendo ante Mercedes que es gay y finalmente frente a su padre, que lo acepta pues eso era algo que siempre supo. Lo acepta y lo quiere.

Y entonces llego ese episodio... el episodio ocho, Wheels... donde Kurt y Rachel tienen un fantástico Diva Off por el solo de Defying Gravity. Ahí fue cuando la conjunción entre argumento y música llego a un punto tan perfecto que Glee se ganó mi absoluta lealtad, cariño y amor como televidente. Desde entonces a la fecha, no me perdido un solo episodio de Glee, incluso lo ha de haber visto cuando menos dos o tres veces cada uno.

Desde entonces Glee es parte de mi. Este blog es testigo de eso, le dedique al menos una columna a cada temporada... esa primera temporada que nos hizo enamorarnos de estos personajes, sufrir con Rachel y su amor cada vez menos imposible por Finn, odiar a Terry que falsificaba un embarazo y evitaba que Will amara a Emma, y mi Kurt descubriendo quien es y aceptando las cosas, incluyendo esas históricas regionales que se perdieron pero nos dieron un año más.

Esa irregularidad pero magnífica segunda temporada que nos dio a ese inolvidable personaje y magnífico talento que es Blaine, la perfecta combinación para Kurt, y el amor verdadero, adolescente pero eterno con que todas las personas (o al menos todos los gays) soñamos. La tercera temporada donde tantos sentimientos se juntaron pues finalmente Nuevas Direcciones ganaron las Nacionales justo a tiempo para la graduación.

La cuarta temporada presentó muchos cambios con Rachel mudándose a Nueva York mientras su relación con Finn subía y bajaba, a la vez que este encontraba su vocación como profesor mientras el resto de los New Directions originales se graduaba. Quien iba a pensar que jamás podríamos ver el sueño de Finn volverse realidad. Esa cuarta temporada fue la última de la serie que tuvo un éxito similar al de las anteriores.

Simplemente algo pasó con la quinta temporada que no contó con el mismo cariño del público. Sólo los verdaderos Gleeks nos quedamos estas dos temporadas restantes. Alucinamos con el fin de New Directions y la vida loca en Nueva York incluyendo las malas decisiones de Rachel respecto a su carrera y la pedida de mano más hermosa jamás vista cuando Blaine pidió la mano de Kurt.

Esta sexta temporada fue un back to basis para Glee. Aprovechando el fracaso de Rachel tras sus malas decisiones, ella y Kurt deciden regresar a Lima a reiniciar el club Glee que Sue había logrado por fin cancelar. Reiniciar el club mientras retomaban el sentido de sus vidas. Si, trece episodios fue muy poco tiempo pero cuando menos fue suficiente para dejar todo en orden. Más importante aún, para reivindicar y dejar en claro el valor y sentido de Glee.

Glee nunca olvidó o siempre fue dos cosas: un canto de amor a la música y al poder de las artes como medio de elevar el espíritu en las escuelas. Y un canto de respaldo y apoyo a la diversidad en todas sus formas, especialmente la sexual; al derecho de toda persona de ser como quiera ser y ser respetado por eso. Inclusión y música, diversidad y arte. Sólo eso.

Gracias a Glee conocí cientos de canciones y me enamoré de muchas de ellas. Conocí a decenas de artistas, ritmos, géneros, emociones. Probablemente cualquier erudito (sangrón) de la música podrá decir que Glee no hacía más que destrozar canciones y atentar contra la historia de la música pero por mi parte sólo le queda desearle que se joda. La música es atemporal pero muchas veces necesita de contextos más recientes para que otras personas puedan captarlo y quizá conocer la fuente original y enamorarse de ella.

En mi caso, gracias a Glee me enamoré (perdida y locamente) de Wicked, el musical y de Queen... Desde ese primer brillante Defying Gravity quedé prendado de una canción que me hablaba en tantas formas que no pude más que buscar la fuente original y enamorarme de todo: de las canciones, del musical, de Idina Menzel, y en ultima instancia del libro. Lo mismo con Queen... grandes tributos le hicieron pero Don't Stop Me Now, en versión de Darren Criss fue la que finalmente me hizo comprender el poder, relevancia y majestuosidad de Queen, gracias a Glee me adentre en la fantástica discografía de ese gran grupo.

Voy a extrañar mucho a Glee que cada semana no sólo hacía tributos a los grandes éxitos del momento (algunos que no conocía por supuesto) sino que además siempre era una hermosa y talentosa clase de música donde uno abría su mente y oído a ritmos quizá tan viejos como nuestros abuelos o padres pero que tenían aún mucho que decir. De alguna forma, Glee nos deja huérfanos de seguir enriqueciendo nuestro conocimiento musical pero sin duda mucho más ricos y con más conocimiento del mismo.

Glee como nadie defendió muchas banderas. La importancia de las artes en la enseñanzas es radical pues es igual o más importante que los deportes y los conocimientos científicos. En muchas maneras, el arte, la expresión más abstracta e inconsciente de la psique humana es lo mejor que podemos señalar que nos dota de humanidad y diferencia respecto de los animales. Las artes son sumamente necesarias pues elevan y pulen el espíritu. Que Glee haya impulsado que al menos unos cuantos niños y jóvenes perdieran miedo a expresarse y se acercará al arte en cualquiera de sus formas es sumamente poderoso. Y no fueron pocos, es sabido que los coros escolares aumentaron en Estados Unidos y tomaron mayor fuerza desde la emisión de Glee al aire.

Pero es igual de valioso lo que Glee hizo respecto a la inclusión y aceptación. Desde el primer hasta el último momento Glee siempre apeló por aceptar a los otros como son, con sus defectos y virtudes, celebrar las mismas y hacer todo lo posible porque las semejanzas pesen más que las diferencias. No hay un sólo rasgo social que no haya sido al menos tocado una vez siempre con la misma honestidad y con el mismo tono de aceptación y fraternindad, siempre en un plano de igualdad, nunca de condescendencia.

Los afroamericanos, las personas con Síndrome de Down, los asiáticos, las personas con sobrepeso, con síndrome de Asperger, con una discapacidad física, con dislexia, los judios, obviamente los homosexuales, lesbianas y transexuales. Todos aquellos que alguna vez pudieron ser etiquetados o ser tratados de forma agresiva o inequitativa fueron defendidos, porque al final las diferencias sólo nos van a destruir, mientras las semejanzas nos permitirán vivir mejor. Un mensaje que la humanidad siempre ha conocido y nunca termina de entender.

Obviamente el mensaje más claro siempre fue el de la diversidad sexual, probablemente porque los creadores y productores siempre han defendido ese tema, en especial por el mismo Ryan Murphy que es gay. Obviamente es el mensaje que más resalto y más me hace eco porque yo también soy gay. Pero no por ello debe ser ignorado o descalificado como propaganda gay o alguno de esos estúpidos epítetos que utilizan los conservadores reaccionarios.

Glee tuvo la valentía de hablar siempre con claridad y defender el derecho de amar a quien tu quieras e ir en contra de aquellos que lo amenazan como pueden quienes realizan bullying. La historia de crecimiento de Kurt, de un tímido muchacho en el closet e inseguro de si mismo, hacía un joven exitoso, seguro y orgulloso de si mismo, casado con otro joven igual de seguro y orgulloso de su amor es 'el camino del héroe' de cualquier homosexual.

Para cualquier chico o chica que alguna vez en su vida haya sufrido algún maltrato, haya tenido miedo o haya dudado de que las cosas pueden funcionar para el. Glee no es otra cosa más que un bálsamo, la mejor manera de decir que las cosas van a mejorar, porque muy probablemente lo hagan siempre cuando tengas la confianza y la fe y el cariño en ti mismo para defender lo que eres, en lo que crees y luchar por tu propia felicidad. Esa es la clave esencial: jamás rendirse y siempre, siempre buscar tu felicidad.

Por es muy relevante el discurso final que da Sue donde finalmente reconoce el papel de las artes en la educación pero en especial el coraje o valentía que representa defender lo que crees. Al final del día y aunque sea una historia que hayamos visto decenas de veces, se necesita demasiado coraje para romper los esquemas que rigen tu vida y lanzarte sólo con tu suerte al vacío esperando que las cosas salgan bien y que tus sueños revelen tener fortaleza para pervivir en tu vida. 

Por ello es relevante no dejar de creer. La esperanza, que Glee bordó desde el principio más remoto con aquel inolvidable número Don't Stop Believin' es aquello que le da empuje y sustento al valor por romper los esquemas. Porque cuando inicias una aventura en la que estás yendo en contra de las probabilidades, las expectativas, los esquemas o simplemente cuando estás viviendo, necesitas esperar que las cosas salgan bien o mejores. No dejar de creer por eso resulta relevante, porque implica no permitirte darte por vencido. 

Al inicio de la serie, Rachel decía que uno de sus mantras de vida es que ser parte de algo especial te hace especial. Ello tiene un valor muy significativo pues habla sobre el valor de la amistad y los lazos cuasifamiliares que se forman con aquellas personas con las que compartes tantos momentos y aventuras que terminan siendo el núcleo esencial de tu vida. Efectivamente no puedes dejar de creer y tampoco puedes hacer las cosas solo, o mejor aún, las cosas funcionan mejor o más adecuadamente cuando tienes algo a tu lado. 

Pero muchos años después Rachel reflexiona y llega a otra gran verdad que le enseñó Will, ser parte de algo especial no te hace especial, algo es especial porque tu eres especial. Esta es una enseñanza que dicha simplemente así carece de sentido y requiere todo un proceso de crecimiento (como el que tienen Rachel, Kurt y el resto de los personajes) y que tiene que ver con el proceso de madurez donde te das cuenta que aquellos medios que pensaste que te impulsaron a lograr tus objetivos no fueron realmente más que medios que tu mismo impulsaste. Es decir, al final del día el motivo por el que las cosas funciona es básicamente tu mismo. 

Por eso, el mantra final de Glee toma tanto sentido: See life not as it is, but as it should be. No veas la vida como es, sino como debería ser. Porque en ello consiste la esperanza definitiva. La vida, desafortunadamente es un mundo de claroscuros donde nos topamos con cosas geniales y hermosas y cosas horrendas y decepcionantes. La vida misma por regla incluye unas y otras. Pero ver el mundo, la vida como debería ser significa hacer de la esperanza un mantra de vida tal que ninguna situación parezca irreversible, irredimible o irreparable. Que las cosas eventualmente tienen un modo de mejorarse y transformarse. Quizá no en el ámbito personal donde nos beneficiarían pero si en un impacto hacía futuro, más allá de nuestro entorno. Donde los cambios realmente pesen. 

Por eso Glee es realmente valioso. No sólo por revivir el género de los musicales en televisión, no sólo por ser un semillero de talentos actorales y vocales, no sólo por defender los derechos de las personas homosexuales o con discapacidad, no sólo por regalarnos grandes historias y emociones cada semana, Glee tiene en esencia y transmitió a su audiencia seis años un mensaje de vida sumamente poderoso que en un mundo cada vez más oscuro y complejo toma fuerza como el método más eficaz de hacer frente a las adversidades. Quizá incluso de manera inconsciente, Glee es un canto a celebrar la vida y sus maravillas, a luchar porque esas maravillas sucedan y a nunca dejarse levantar. 

Tal como desde aquel primer capítulo se dijo, por su pura definición, Glee significa abrirse uno mismo, a la alegría. 

El Último Hilo: Es realmente innecesario, pero Glee contó siempre con un fenomenal elenco y equipo de producción sin el cual no sería nada.  A nivel actoral Glee siempre nos regaló grandes actuaciones e interpretaciones, a nivel argumental y con detalles como toda serie, siempre hubo grandes y relevantes historias que no por ello renunciaban a el humor y la diversión. Grandes personajes que estarán siempre en nuestros corazones. 

Gracias a Lea Michele, Chris Colfer, Cory Monteith, Matthew Morrison, Jane Lynch, Darren Criss, Jenna Ushkowitz, Amber Riley, Kevin McHale, Dianna Agron, Naya Rivera, Heather Morris, Mark Salling, Chord Overstreet, Jayma Mays, Dot-Marie Jones, Harry Shum Jr., Becca Tobin, Alex Newell, Jacob Artist, Blake Jenner, Melissa Benoist, Iqbal Theba, Lauren Potter, Max Adler, NeNe Leakes, Jonathan Groff, Ashley Fink, Samuel Larsen, Damian McGinty, Mike O'Malley, Romy Rosemont, Jessalyn Gilsing, Samatha Marie Ware, Laura Dreyfuss, Billy Lewis Jr., Vanessa Lengies, Marshall Williams, Noah Guthrie, Idina Menzel, Grant Gustin, Gwynelth Paltrow, Robin Trocki, Kristin Chenoweth, Whoopi Goldberg, Sarah Jessica Parker, Adam Lambert, Demi Lovato, Kate Hudson, Jennifer Coolidge y tantos más actores que falten (incluyendo al señor y señora Tubbington) por regalarnos tan geniales actuaciones y tan bellos momentos. 

Gracias a Ryan Murphy, Ian Brennan, Brian Fachulk, Adam Anders, Nikki Anders, Tommy Faragher, Dante DiLoreto, Peer Arstrom, Michael Hitchcock, Ali Adler, Matthew Hodgson, Roberto Aguirre-Sacasa, Rivka Sophia Rosie, Ross Maxwell, Ned Martel, Jessica Meyer, Aristotle Kousakis, Russel Friend, Garrett Lerner, Stacy Traub, Marti Noxon y tantos otros directores, guionistas y productores musicales que hicieron de Glee la serie consentida de todos, con gran música, grandes historias y bellos momentos. 

Hasta siempre mi Rachel, mi Kurt, mi Blaine, mi Sam, mi Sue, mi Will, mi Quinn, Tina, Mercedes, Artie, Finn, Puck, Jake, Marley, Joe, Santana, Britanny, Figgins, Becky, Kitty, Emma, Burt, y tantos y tantos personajes que me hicieron soñar, reír, llorar, emocionarme, intrígarme, divertirme, enternecerme. Llevarme por toda esa gama y gala de emociones. Por enseñarme a siempre desafíar la gravedad. Los quiero intensamente chicos, tanto como se puede querer a los personajes de una serie que no existen en este plano de la realidad. Gracias por el viaje chicos, jamás los olvidaré. Los llevo siempre en mi corazón.

Don't stop believin'. Nunca dejes de creer. 

Y en la próxima madeja: Review de Alexander y el día terrible, horrible, malo, ¡muy malo!.

domingo, 15 de marzo de 2015

La Cenicienta

La Madeja del Gato (bibidi babidi bu)
Madeja #296
Por Christopher Vergara

Aunque La Cenicienta (el clásico animado de Walt Disney) fue una película que vi desde que era niño, fue hasta mucho después, probablemente a finales de mi segunda decada de vida que realmente entendí el mensaje y la valía del personaje. La Cenicienta, pese a su aparente rol pasivo frente a los sucesos, tiene como virtud principal el de la bondad como modo de vida. La bondad como el mecanismo de acción y de defensa que eventualmente te permitirá enfrentar cualquier reto que te ponga enfrente la vida. 

Siguiendo su muy exitosa tendencia de traducir a acción viva sus más grandes clásicos animados (Alicia en el País de la Maravilla y Maléfica, hasta el momento); Disney llevaba unos años persiguiendo un proyecto en acción viva de Cenicienta, hasta que encontraron en Kenneth Branagh (director de la primera Thor, así como varias brillantes adaptaciones shakesperianas) al director ideal para llevar a la pantalla el guión escrito por Chris Weitz (director de American Pie, Luna Nueva y La Brujula Dorada). 

Disney les pidió a Branagh y Weitz una adaptación directa de La Cenicienta. Es decir, no versiones oscuras, realistas, críticas o nihilistas del cuento de hadas (lo cual sobra decirlo, es bastante fácil de lograr). La adaptación que logra Branagh con el guión de Weitz es encantadora. No es una fotocopia sin alma del mismo, es un homenaje a la vez que un recordatorio de que lo clásico no es necesariamente viejo o no vigente. Es un homenaje al clasicismo y grandielocuencia de los cuentos de hadas en su sentido más clásico. 

La anécdota es por todos conocida... Ella (Lily James) es una jóven que vive una idílica vida con sus padres, hasta que la vida le arrebata a su madre (Hayley Atwell, radiante y hermosa como siempre) quien era su guía moral. Su padre (Ben Chaplin) decide casarse con Lady Tremaine (Cate Blanchett), una calculadora e interesada mujer que junto con sus dos frívolas hijas Anastasia (Holliday Grainger) y Drizella (Sophie McShera) tornan a Ella en Cenicienta, su sirvente, una vez que su padre ha fallecido. La vida de Ella cambia cuando decide ir al Baile organizado por el Príncipe Kit (Richard Madden) quien busca esposa, para lo cual recibe ayuda de su Hada Madrina (la fabulosa Helena Bonham Carter). 

A nivel de guión, la película es muy fiel al clásico animado. Incluso detalles propios de esa adaptación el gato Lucifer y los ratones Gus y Jack Jack están presentes. La historia fluye bastante fiel; obviamente hay algunos cambios pero en general son bastante menores y enriquecen la historia . Entre ellos: Ella conoce al Príncipe creyendo que es un plebeyo aprendiz y va al baile buscandolo, no al príncipe en si, aunque sean la misma persona; la relación de Kit con su padre tiene un ligero trasfondo político donde al final el amor y Ella misma hacen recapacitar al Rey. 

Además elementos que usualmente son críticas de la película animada tienen explicaciones, como el porqué Ella no abandona la casa si recibe un trato inhumano e incluso se delinea de manera muy brillante el odio de Lady Tremaine hacía Ella. Tremaine se casa con el padre de Ella por subsistencia económica, aunque realmente ni ella ama al padre de Ella, ni viceversa. Peor aún, Ella le recuerda todas aquellas características que Tremaine ha perdido con el tiempo, producto de sus propias decepciones con la vida y su incapacidad de recuperarse de las mismas. 

Estas explicaciones aunque le dan dimensión y profundidad al personaje, de ninguna manera generan simpatía o afecto hacía el mismo (como si sucedía con Maléfica). Pese a que conocemos porque Tremaine es como es, nunca dejamos de sentir asco y desprecio por esta completa perra. En ese sentido es digno de elogiar el magnífico trabajo de Cate Blanchett que borda bellamente un personaje que encierra una gran ira y dolor debajo de manerismos finos y contenidos que irradian pese a todo odio y desprecio. 

Quizá el tercer acto es el que presenta mayores cambios (hay un cambio en el rol del Duque y Tremaine toma una conducta chantajista antes que unicamente esconder a Cenicienta en su torre) pero esos cambios en general terminan siendo mínimos y bastante afortunados pues dan mayor solidez al argumento que se construye. 

Hacía referecia a la esencia del personaje pues es algo que Branagh y Weitz lograron plasmar sabiamente (aunque quizá de manera un tanto reiterada). La madre de Ella deja como principal enseñanza y mantra de vida a Ella el que sea siempre 'valiente y bondadosa' (courage and kindness). Pues 'hay más bondad en tu dedo meñique que el que mucha gente tiene en todo su ser'. Esta frase es muy poderosa, pues lecturas críticas aparte, en ello radica el motivo de triunfo del personaje. Cenicienta termina triunfando no porque se case con un hombre o porque la zapatilla le quede, triunfa porque nunca renunció a su bondad innata, sino que incluso la engrandeció y más aún, tuvo el coraje suficiente para defender su vida, su herencia e incluso su reino cuando debe hacerlo.

Eso es lo que diferencia a los verdaderos héroes de los villanos. La bondad es un elemento sin el cual no se explica la mitología fantástica e incluso (en mi particular opinión) es una ley fundamental de la vida. Los cuentos de hadas hablan sobre elementos primordiales de la naturaleza humana y como impactan en la vida de las personas a través de las decisiones. La bondad es un elemento primordial y la lleva para obtener eventualmente la felicidad interna concordante con nuestros códigos de ética. 

Sin embargo a la vez la bondad es lo más difícil de alcanzar y mantener pues implica necesariamente renunciar o cuando menos limitar conductas egoístas y que sólo persiguen intereses particulares. Por eso, en el interior de las personas, la bondad es una aspiración persistente a la vez que un logro recurrente (en mayor o menor medida). Cenicienta lo presenta en un contexto fantástico pero cien por ciento válido en la vida real. En la medida en que eres más bondadoso logras tener mayor paz interior y te sabes desarrollar en la vida. 

Por eso la escena final, donde Cenicienta finalmente triunfa pero tiene la humildad de ver a la derrotada Lady Tremaine y decirle 'Te perdono' es tremendamente poderosa. La bondad se expresa de muchas formas pero la más compleja y afortunada de ellas es el perdón. Porque significa un proceso de purificación donde las ofensas del otro, así hayan sido tremendas y horrendas, son finalmente perdonadas. La relación que alguna vez fue vertical, se invierte o se vuelve horizontal y existe suficiente bondad, fortaleza y coraje en nosotros mismos que nos permite no sólo ser resilientes y sobreponernos a ese dolor, sino ser bondadosos y no guardarle rencor a quien nos hizo daño. (Algo que por ejemplo Tremaine no es capaz de hacer). 

Todos estos elementos están delineados en La Cenicienta de Walt Disney, pero Kenneth Branagh es mucho más visual y reiterativo en los mismos. Lo cual termina siendo bastante afortunado, pues La Cenicienta es uno de los cuentos de hadas más fácilmente atacables en virtud de que no responde a los códigos de lo políticamente correcto hoy en día. Por eso la labor de Branagh es valioso, porque retoma y extrae estos valores que son la esencia del personaje y los plasma con una absoluta sinceridad y creencia en los mismos que la película jamás parece que miente o es hipocrita sobre ellos.

En el aspecto actoral, la mano de Branagh es realmente afortunada. Lily James encarna a la perfección los valores que he dicho en Cenicienta, una joven aparentemente frágil y pasiva que realmente entraña una fuerza irrestricta. Blanchett con su alucinante y odiable actuación. Richard Madden borda un Príncipe realmente encantador (como su nombre) pero que no solamente es el apuesto galán que salva a la novia, sino un jóven dubitativo que se debate entre seguir sus instintos o aquello que conviene políticamente. Grainger y McShera brindan momentos cómicos bastante divertidos mientras que Helena Bonham Carter como el Hada Madrina es la fuente primordial de magia y fantasía de la historia. 

A nivel visual no hay forma de no sentirse regocijado. El diseño de vestuario y de producción sólo puede ser calificado de clasicista y exuberante, en especial durante el segundo acto, relativo al baile real. Los vestidos, (en especial el de Cenicienta), los trajes, el carro calabaza, la decoración, el palacio, son completamente hermosos. No hermosos en un sentido presuntuoso o despilfarrador, sino genuinamente bellos, coloridos, vibrantes, exuberantes, una delicia visual que complementa lo que transcurre en pantalla. 

La Cenicienta es por mucho una mejor película que Maléfica y Alicia en el país de las Maravillas. Un afortunado trabajo de Disney que reinvindica su legado y su liderazgo en el género familiar ofreciendo una historia clásica, que nunca envejece. 

El Último Hilo: Antes de la cinta se exhibe Frozen Fiebre Congelada, un corto de siete minutos donde nos reencontramos con nuestros queridos Elsa, Anna, Kristoff, Olaf y Sven. Elsa está ultimando detalles para la celebración de cumpleaños que nunca le ha podido dar a Anna cuando una latosa gripe la asalta y amenaza con arruinar todo. 

La canción nuevamente escrita por Robert Lopez y Kristen Anderson-Lopez no es realmente memorable, pero el corto es realmente encantador. Tanto por volver a encontrarnos con nuestros personajes queridos como porque es por si solo bastante divertido. La temática es dulce, los chistes son geniales, los muñecos de nieve son hilarantes y la hermandad como esencia de los personajes sigue siendo lo primordial. Es bello. 

Y en la próxima madeja: Review de Alexander y un día terrible, horrible, malo, ¡muy malo!

lunes, 9 de marzo de 2015

Mi decepción con el PRD

La Madeja del Gato (político-electoral)
Madeja #295
Por Christopher Vergara

Desde que tengo uso de memoria a nivel político (lo cual debe tener quince años ya), la izquierda y en consecuencia el Partido de la Revolución Democrática han sido mi opción política natural. O al menos lo fue hasta hace unos cuantos meses.
Mi relación con el PRD esta cargado tanto de misticismo romántico, como de convicción político-ideológico como de apreciación de resultados. Por toda esta combinación de factores, aunque sin llegar a ser militante, siempre crecí convencido (y llegado su momento voté) por el PRD.

Crecí en el seno de una típica familia de clase media que se consolidó a lo largo de la década de los setenta y ochenta, cuando el modelo de desarrollo estabilizador se mezclo con una suerte de populismo económico y finalmente el draconiano neoliberalismo impuesto desde el sexenio de Miguel de la Madrid que aniquiló diversas conquistas sociales y ha sepultado a la economía en un largo sueño. Una familia que como muchas, siguió con entusiasmo la campaña presidencial del Ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas y vivió con tristeza los fraudulentos resultados de aquella elección.
Por ello el PRD era en mi juvenil concepción, el partido que representaba los anhelos y esperanzas de millones de personas que estaban hartas de tantos abusos, excesos, crisis, maltratos y desprecios. Era el partido que luchaba por los ideales de bienestar y progreso para México, su economía y sus familias. Era el partido que tenía la posibilidad de enfrentar al viejo sistema representado por el PRI y el conservadurismo político del PAN,

Posteriormente, surgió una verdadera convicción ideológica coincidente con el PRD conforme fui nutriendo y conociendo más de ámbitos e ideologías políticas. Estar 'enamorado' del PRD me llevó a conocer la historia política de la izquierda y sus centenas de ramificaciones e ir formando mi propia ideología, la cual hasta la fecha en sus grandes rasgos permanece. Incluso con mi actual desilusión respecto del PRD sigo pensando que la izquierda política, en su vertiente socialdemócrata y con una fuerte regulación estatal en una economía de libre mercado es el mejor modelo para un país subdesarrollado como el nuestro.

Conozco e incluso en algunos casos aprecio otras corrientes políticas como el nacionalismo revolucionario, el comunismo, el socialismo, el liberalismo social, entre otros. Incluso de algunos de ellos tomaría relativos elementos. Esa era otra cosa que me gustaba del PRD, que como izquierda ahí cabían todos.  
En el PRD estaban personas a las que yo admiraba, me caían bien o cuando menos me parecían políticos respetables o inteligentes. Obviamente sus grandes iconos como el Ingeniero Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo, Andrés Manuel López Obrador, Ifigenia Martínez, Heberto Castillo, Arnoldo Martínez Verdugo, entre muchos más. A diferencia de muchos que criticaban este pluralismo de ideologías para mi era algo positivo, pues le permitía al partido tener diferentes opiniones y voces aunque concordantes en el fondo, diferibles en los detalles, lo cual enriquece las visiones.
Al PRD le perdone muchas cosas, incluso algunas que otros consideran sus peores pecados. Cuestiones como los notorios casos de corrupción, los malos gobiernos en decenas de municipios e incluso gobiernos estatales. Eran males terribles, pero dentro de todo me parecían salvables dado que se limitaban a circunstancia y personas. También porque el partido era un proyecto que no se iba a perder fácilmente, se tenía la herencia, la historia, la lucha, los ideales, los programas, los resultados, los gobiernos, la gente.
 
Pero hubo límites que se cruzaron y que eventualmente me han decepcionado, me han cansado.
Como es sabido, una corriente alguna vez secundaria del PRD se fue apoderando del aparato burocrático del mismo, agravando los siempre presentes problemas de sectarización y cuotismo del PRD. Hoy el PRD que alguna vez existió ha desaparecido, fue engullido y se ha vuelto el nombre oficial del un grupo político que se hace llamar Nueva Izquierda. El PRD que quería, admiraba, romantizaba y apoyaba dejó de existir. Nueva Izquierda se encargó de matarlo.
Nueva Izquierda empezó un proceso de enquistamiento y marginación de las corrientes disidentes al PRD. Demostró su naciente poderío en 2008 cuando con todas las artimañas y trucos sucios se hizo de la dirigencia por medio de Jesús Ortega, su líder histórico. Dirigencia que hasta la fecha no ha soltado y han ido heredando primero a Jesús Zambrano y luego a Carlos Navarrete. Lenta y progresivamente se fueron reduciendo e incluso expulsando a las corrientes contrarias al Nueva Izquierda. Hoy en día las expresiones disidentes a NI son mínimas y reducidas, las que persisten, están condenadas a ser cola de león, aún Alternativa Democrática Nacional, su eterna compañera de pillerías.
No puedo apoyar a un partido en el que cada vez hay menos gente que admire, me caiga bien o incluso me genere respeto. En el que cada vez las figuras históricas que fundaron el partido, lo construyeron y le dieron proyección e imagen se alejan, son maltratadas o arrumbadas. Una cúpula que además le cierra las puertas a quienes no piensen como ellos, a quienes prefieren defender sus cada vez más escasas canonjías antes que apoyar nuevos cuadros.
Porque si, Nueva Izquierda puede decir misa y decir que ellos también fundaron al PRD. Ellos también han trabajado en el y ellos también tienen ideales, programas e ideología. Pero la izquierda moderna que tanto pregona Nueva Izquierda, en los seis años que ha regenteado el partido, en especial los casi tres que lleva el sexenio de Peña Nieto, no ha demostrado ser más que frases vagas o vacías, sumisión y adherimiento acrítico a las posiciones oficialistas y la negociación más encaminada a las canonjías, los puestos y los dineros que a otra cosa.
También duele el maltrato. La forma en que Nueva Izquierda ha ignorado, ofendido, vilipendiado y apabullado a gente que le daba sentido al PRD como el Ingeniero Cárdenas, Alejandro Encinas, Marcelo Ebrard, al mismo Andrés Manuel López Obrador y a tantos liderazgos regionales y locales es indigna. Incluso a un operador eficaz como René Bejarano y su corriente Izquierda Democrática Nacional decidieron marginarlos y debilitarlos. Peor aún, con discursos propios de baños de pureza de aquel que se siente puro e intocado por la corrupción.
Eso es lo que más duele del PRD. No los casos de corrupción e ineficacia, mal endémico de la clase política e incluso de la sociedad mexicana. Eso duele, pero no duele tanto como la traición al proyecto, la traición a la historia, el vaciamiento ideológico, la falta de acción, el sectarismo de los pocos que quedan, la defensa de los espacios como si fueran propios y no del partido o de la ciudadanía. Eso duele en el PRD.
No todo fue culpa del PRD. La izquierda mexicana también le debe parte de su futura desgracia a los otros partidos que se asumen como tales. Todos ellos marcados por el individualismo disfrazado de diferencias ideológicas. El mercenarismo del Partido del Trabajo, el mesianismo y univocidad de Morena, el pragmatismo sin ambages y sin principios de Movimiento Ciudadano. Todos estos partidos cometieron el mismo pecado de creerse invencibles e indispensables en la democracia. Todos ellos van a terminar pagando cruel y fútilmente. Porque tendrán votos, quizá el registro, pero consolidar el proyecto de nación es cada vez más lejano. Lograr el gobierno en las condiciones actuales es imposible.

Aun y cuando más que nunca, según las encuestas, los cuatro partidos de izquierda suman entre 22% y 27% de la votación, por arriba del promedio histórico de votación de la izquierda, difícilmente separados van a lograr algo, menos si llegado el momento de la unión siguen peleando por espacios, presupuesto y privilegios. Están condenados al basurero.
¿Y con qué se queda uno? Con una tremenda decepción y tristeza en el corazón. Peor aún, sin un sólo partido que represente los anhelos, intereses, aspiraciones y sueños de uno. Sin una adecuada correa de transmisión de los asuntos públicos. Lo triste es que una vez existió. Lo funesto es que tal vez nunca regrese.
 
Eso no quiere decir que no vuelva a votar por el PRD. Más allá de la esperanza que nunca muere, es incluso probable que lo haga este mismo año. Pero definitivamente no votaré por ningún político miembro de Nueva Izquierda. No puedo apoyar con mi voto a quienes dinamitaron el partido en el que tanto creí.

Y en la próxima madeja: Review de La Cenicienta.